Jesuitas entregan hoy a la Diócesis parroquia de Plátano y Cacao

La comunidad de 27 ermitas fue dividida en tres parroquias bajo administración diocesana

Jesuitas entregan hoy a la Diócesis parroquia de Plátano y Cacao

Luego de 53 años al frente de la Parroquia de San José y Nuestra Señora de los Remedios, este lunes la Compañía de Jesús entregó a la Diócesis de Tabasco la administración de esta comunidad eclesial.

La parroquia, con sede en la ranchería Plátano y Cacao y conformada por 27 ermitas, quedó bajo la administración de la Diócesis de Tabasco y fue dividida en tres parroquias: San José y Nuestra Señora de los Remedios; Nuestra Señora de los Remedios, en Corregidora Primera; y Santa Úrsula, en González Primera.

Fue en los años 70 cuando los sacerdotes jesuitas Jaime Arias, Javier Saravia y Guillermo Silva llegaron a esta región de Tabasco para fundar la parroquia y crear el Equipo Rural Interreligioso de Tabasco (ERIT), desde donde comenzaron a organizar a las cerca de 60 comunidades que en ese entonces integraban esta comunidad eclesial.

La metodología de los jesuitas en esta zona del municipio de Centro consistía en "ver la realidad, juzgarla a la luz del Evangelio y actuar". A partir de este enfoque surgieron diversas acciones pastorales, entre ellas cooperativas que contribuyeron al desarrollo económico de las comunidades.

"De la reflexión nacieron acciones concretas. La gente descubrió que podía organizarse para enfrentar las dificultades económicas. Así surgieron las cooperativas de consumo. Alrededor de 40 tiendas comunitarias ofrecían productos básicos a precios accesibles. Después llegaron las cooperativas de pollos. Las mujeres tuvieron un papel fundamental. También surgió la cooperativa Platanera, que llegó a comercializar hasta 150 toneladas diarias. No eran solamente proyectos económicos, eran experiencias de solidaridad, una forma de demostrar que juntos podrían construir algo mejor", resaltó.

Los religiosos también acompañaron a los habitantes en luchas sociales, como el Pacto Ribereño y los reclamos por afectaciones a Pemex. De este trabajo surgió uno de sus legados: el Comité de Derechos Humanos de Tabasco (Codehutab).

"La fe también impulsó el compromiso con la justicia. En los años 80 la parroquia se unió a la marcha del Pacto Ribereño. Hombres y mujeres de todas las edades caminaron para defender la dignidad de sus comunidades. Más adelante, las constantes afectaciones provocadas por la actividad petrolera en la zona impulsaron nuevas formas de organización. Así surgió el Comité Central de la Isla, y más adelante nacería CODEHUTAB. La parroquia acompañó la búsqueda de soluciones para problemas como la contaminación, el agua potable y las condiciones laborales. Cuando llegaron las explosiones y la crisis, la comunidad respondió unida, y gracias a esa organización se lograron importantes avances para decenas de comunidades", indicó.

Con el paso de los años, distintos sacerdotes jesuitas continuaron con la labor pastoral en la región. Entre ellos estuvo el padre Javier Garibay, quien, a través de un videomensaje, destacó la formación que recibió durante su estancia en las comunidades tabasqueñas, donde, dijo, aprendió a ser lo que son como comunidad: "hermanos y hermanas".

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Asimismo, recordó que durante los primeros años contaron con el acompañamiento de religiosas, entre ellas la madre María Dolores Palencia Gómez, de las Hermanas de San José de Lyon, quien en 2023 fue elegida por el Papa Francisco como presidenta delegada del Sínodo, función que le permitió representar al pontífice cuando este no se encontraba presente en la Asamblea.

"Animémonos. No es obra nuestra. Somos nosotros medios siendo esos medios, ese instrumento, este sacramento del reino de Dios. Y esa memoria de que ustedes nos han formado también... La hermana Dolores llegó a ser parte de la presidencia del Sínodo convocado por el Papa Francisco sobre la sinodalidad, sobre el caminar juntos. Digan ustedes, ¿dónde aprendió a caminar juntos? ¿Dónde lo aprendió? De ahí también, no solo nos formaron ustedes, ustedes mismos ahí han ido formando esa vida comunitaria", expresó.

El padre "Gary", como es conocido y quien actualmente se encuentra en la Ciudad de México, exhortó a las comunidades que durante 53 años estuvieron bajo el cuidado de los jesuitas a no desanimarse y a colaborar con la Diócesis de Tabasco, al señalar que todo es obra de Dios.

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"La misión del Padre le ha encomendado a Jesús de formar un pueblo que sea instrumento de fraternidad, de justicia, de paz, de hermandad, de universalidad. ¿No se ve eso? En todos los procesos de la lucha por el agua, de la vida ordinaria, de las reuniones, por los temas, en las celebraciones de los jóvenes, en el caminar, en el caminar juntos. Oigan, eso no lo pierdan nunca. Eso me lo enseñaron ustedes y ahora se aguantan", manifestó.

Otro de los proyectos impulsados por los jesuitas durante su presencia en Tabasco fue el de Producción Social de Vivienda, desarrollado con el asesoramiento del Departamento de Arquitectura de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Esta iniciativa obtuvo en 2009 el Premio Nacional de Vivienda, en la categoría de Producción Social de Vivienda.

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