La ciudadanía no debe ir a las urnas movida por el escándalo o el miedo, sino por conocimiento: Oswald Lara

Alertó sobre los entornos digitales y el uso de herramientas como la inteligencia artificial

La ciudadanía no debe ir a las urnas movida por el escándalo o el miedo, sino por conocimiento: Oswald Lara

El magistrado presidente del Tribunal Electoral de Tabasco (TET), Oswald Lara Borges, manifestó que la función primordial de las autoridades electorales debe ser velar porque la ciudadanía acuda a las urnas impulsada por el conocimiento y la valoración crítica, y no movida por el escándalo o el miedo.

Durante su participación en la Mesa 8, "La integridad del debate público electoral: desinformación y posverdad", en el marco del 4° Encuentro Regional INE-Tribunales Electorales en Chiapas, el titular del TET advirtió que la degradación de la conversación pública y el deterioro de la deliberación democrática son los principales problemas de la política contemporánea.

"Debemos asumir que la función de las instituciones electorales no es ni puede ser la de erigirse en fiscales de la verdad ni censores de la expresión (...). El verdadero cometido de los órganos e institutos electorales es asegurar las condiciones para cuidar el ecosistema democrático".

"Así, frente a la espectacularización, la calumnia y el ruido algorítmico, nuestro compromiso institucional debe ser con la autonomía del votante, velando porque la ciudadanía pueda acudir a las urnas no movida por el escándalo o el miedo, sino respaldada por el conocimiento y la valoración crítica de las opciones políticas", expresó.

Lara Borges también alertó sobre los entornos digitales y el uso de herramientas como la inteligencia artificial (IA), las cuales alimentan el sensacionalismo, la polarización y buscan sembrar la duda sobre la autenticidad de hechos verificables.

"A este fenómeno se suma la capacidad de la inteligencia artificial para generar contenidos manipulados o hiperrealistas, los cuales ya no solo buscan engañar sobre lo falso, sino sembrar la duda permanente sobre la autenticidad de lo real y deslegitimar los hechos verificables".

"La enfermedad de nuestro tiempo es la degradación de la conversación pública y el deterioro de la deliberación democrática, en la que la desinformación y la posverdad son únicamente sus síntomas", aseveró.

Por último, sostuvo que cuando la discusión política se vacía de contenido reflexivo y se reduce a un espectáculo mediático no solo se vulnera la reputación de los contendientes, sino el derecho mismo de la ciudadanía a decidir con autonomía y de manera informada.