Ser asiduos a la misa dominical "más que nunca", pide Papa a feligreses

"Creer no siempre es fácil´", indicó

Ser asiduos a la misa dominical "más que nunca", pide Papa a feligreses

A ser asiduos y fieles a la Misa dominical, el Papa León XIV exhortó a los feligreses, tras remarcar que en un mundo que necesita la paz, el encuentro eucarístico con el Resucitado es necesario "más que nunca".

Previo al rezo del Regina Coeli, en el Domingo de la Misericordia, el Sumo Pontífice meditó el Evangelio sobre la aparición de Jesús resucitado a los apóstoles, donde Tomás, duda de la resurrección del maestro, pero luego de la reunión entre ambos, brota la profesión de fe más elevada: "Señor mío y Dios mío".

"Ciertamente, creer no siempre es fácil. No lo fue para Tomás y tampoco lo es para nosotros. La fe necesita ser alimentada y sostenida. Por eso, en el "octavo día", es decir, cada domingo, la Iglesia nos invita a hacer lo mismo que los primeros discípulos: reunirnos y celebrar juntos la Eucaristía. En ella escuchamos las palabras de Jesús, oramos, profesamos nuestra fe, compartimos los dones de Dios en la caridad, ofrecemos nuestra vida en unión al Sacrificio de Cristo, nos alimentamos de su Cuerpo y de su Sangre, para luego ser, también nosotros, testigos de su Resurrección, como lo indica el término ´Misa´, es decir, ´envío´, ´misión´", indicó.

Aunado a lo anterior, el Santo Padre recordó que, en África, muchos mártires dieron su vida, justamente porque se negaron a renunciar a celebrar la Eucaristía y se convirtieron en testigos de la misericordia y de la presencia de Jesús.

"La Eucaristía dominical es indispensable para la vida cristiana. Mañana saldré para el Viaje apostólico a África, y precisamente algunos mártires de la Iglesia africana de los primeros siglos, los mártires de Abitinia, nos han dejado un hermoso testimonio al respecto. Ante la propuesta de salvar sus vidas a cambio de renunciar a celebrar la Eucaristía, respondieron que no podían vivir sin celebrar el día del Señor. Es ahí donde se nutre y crece nuestra fe. Es ahí donde nuestros esfuerzos, aunque limitados, por la gracia de Dios se funden como acciones de los miembros de un único cuerpo —el Cuerpo de Cristo", abundó.